6- Buba, el elefante de la sábana africana
La sabana africana solía sonar a vida: al crujir de las ramas secas bajo las enormes patas de las manadas, al canto agudo de las aves tropicales y, sobre todo, al refrescante chapoteo del agua en la gran laguna de la reserva. Pero esa mañana, el único sonido que se escuchaba era el de la tierra partiéndose bajo el sol ardiente. La laguna, el corazón de la reserva natural, se había secado por completo. Lo que antes era un oasis azul, ahora era un enorme laberinto de barro seco y agrietado.
Para la familia de Buba, la situación era crítica. Sus padres miraban el horizonte con preocupación, y sus tres hermanos mayores —siempre tan fuertes y orgullosos— intentaban excavar el fondo del pozo con sus colmillos, buscando desesperadamente alguna vena de agua subterránea. Solo conseguían levantar polvo.